Como en 1989, aunque usted no lo crea, por Alejandro Armas

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as primarias de la oposición mantenían a buena parte de los venezolanos a la expectativa desde hacía algunas semanas. El chavismo no les puso obstáculo para así sondear la capacidad mínima de movilización de la MUD y proyectar escenarios con los cuales evaluar sus próximas jugadas. Dentro de la propia ciudadanía adversa al Gobierno pasaba igual, tanto para los defensores de la participación en las regionales como para los detractores de la misma. Al final, el número de gente que participó, asumiendo como ciertos los resultados arrojados por la Comisión de Primarias, fueron más o menos los esperados.

Lo que sí resultó ser una sorpresa fue que el partido que haya cosechado más triunfos haya sido Acción Democrática. El desenlace de estos comicios internos ha sido como un regalo para la tolda blanca en la semana de su aniversario número 76 y un motivo adicional para que sus militantes se congratulen. Obviando a Ismael García, que tuvo en AD su principal soporte pero no ha pasado a engrosar formalmente las filas del partido, estaríamos hablando de nueve candidaturas unitarias de 19 en juego (el pospretérito se debe al reclamo por parte de otros nominados en tres entidades).

Los chistes sobre muertos políticos resucitados y aves fénix de plumaje albo estuvieron por segunda vez a la orden del día en menos de dos años. El resurgir de AD ya había cobrado notoriedad luego de alzarse como la segunda organización de la MUD con más diputados en la Asamblea Nacional luego del 6 de diciembre de 2015. Esto se vio reforzado, al menos en los primeros meses del año pasado, por la colorida forma en que su secretario general, Henry Ramos Allup, asumió las riendas del Parlamento (encantadora para algunos, puro “bla bla” para otros).

Sin embargo, el fiasco del diálogo con el chavismo, y el papel que AD jugó en el mismo, perjudicaron la percepción que más de uno tenía sobre el partido y sus líderes. A sus ojos, en relativamente poco tiempo, Ramos Allup pasó de ser héroe “presidenciable” y codiciado objeto de selfies a una especie de villano o, incluso, un traidor. Luego, vinieron las protestas y con ellas la MUD volvió a entusiasmar a su base. AD las apoyó y, en honor a la verdad y al contrario de lo que algunos claman, sus militantes participaron (quien escribe los vio, varias veces). Pero siempre desde una posición mucho menos llamativa que las de Primero Justicia y Voluntad Popular. Paradas las manifestaciones, AD no parecía estar mucho mejor que cuando empezaron. Pero, lo que pasó el domingo pasado ha arrojado una sombra de duda sobre todo lo narrado en este párrafo.

Hay muchas explicaciones para los resultados. La más comentada es que AD supo hacer un mejor trabajo de maquinaria electoral que sus aliados en la MUD. Recordemos que se trata de un partido con organización estadal y local fuerte, y que fue pioneros en contar con al menos una casa del partido en todos los municipios de Venezuela. Acaso hizo un trabajo de hormiguita en las regiones que no se apreció desde Caracas ni se vio en redes sociales. Otro argumento es que, a pesar de los esfuerzos de comunistas y liberales, la socialdemocracia sigue siendo la ideología que más ha calado entre venezolanos.

El éxito de AD en las primarias es notable además por quiénes fueron los favorecidos. Cuando los partidos presentaron a sus abanderados, hubo una crítica a lo que algunos llamaron el “geriátrico” o la “galería del museo de historia natural”. Para los habitantes de sus respectivos estados, ver a estas personas en campaña debió ser como si los hubieran montado en la máquina imaginada por H. G. Wells y enviado a 1989 o 1995. A pesar de las condenas iniciales, muchos de los veteranos terminaron venciendo a las caras nuevas, y sin contar a Andrés Velásquez, todos son o fueron gobernadores militantes de AD, de los primeros electos por voto popular: Bernabé Gutiérrez en Amazonas, José Montilla en Apure, Alberto Galíndez en Cojedes y Guillermo Call en Monagas.

Excepto por las generaciones más jóvenes de votantes, el recuerdo de estos señores como agentes principales de la política regional debe estar vivito y coleando. Aunque consiguieron sus cargos por el apoyo ciudadano, les tocó ejercer en una época en la que la edad de oro de su partido se veía bien distante en el retrovisor. En aquellos años el puntofijismo entró en una crisis terminal que dio paso a Hugo Chávez y sus promesas de, ni más ni menos, quemarles las cabezas a los adecos.

Como buenos revolucionarios que proclaman la necesidad de arrasar la tierra y exterminar todas las hierbas malas para que florezca el hombre nuevo con sus bondades, los chavistas han creado un mito satanizador de la política y la sociedad antes de su llegada del poder. AD, por haber sido la fuerza dominante de esa era, adquirió el papel de diablo mayor en el imaginario rojo (sin llegar a los extremos y deformaciones del PSUV, todo análisis histórico serio debe reconocer que el partido blanco fue responsable de muchas fallas graves de la mal llamada “cuarta república”). No es baladí que identifiquen a la oposición, a toda ella, con como una especie de heredera de AD, con los mismos intereses y métodos “perversos”.

El énfasis de las campañas antiadecas suele ser puesto en la década de los 60, cuando los precursores del chavismo, devenidos en mártires impuestos al Panteón Nacional, combatieron con armas a los gobiernos de Betancourt y Leoni. Pero es poco el interés del venezolano común por aquel pasado ya tan distante y ajeno a sus problemas. Al chavismo le va mejor recordando las experiencias de los años 90, cuando el país estaba en una muy mala situación socioeconómica, con unos niveles de pobreza y violencia criminal que crecían de forma alarmante. Es más fácil recordarle a la gente sus bolsillos vacíos y vincular a los adecos con ese problema, que contarle historias sobre guerrilleros que ni siquiera durante su insurgencia fueron figuras populares.

Como se dijo antes, fue justamente en los 90 que estos adecos y ex adecos, que hoy optan por volver a ser gobernadores, ejercieron sus cargos orginalmente. Por lo tanto, si derrotan a sus contendores chavistas, significaría el rotundo fracaso de la visión roja rojita de la historia nacional. Más aún si ocurre en estados donde el chavismo ha sido tradicionalmente muy fuerte en las urnas, como Apure y Cojedes. Sería una confirmación más de que el mito fue desbaratado, no porque de pronto los ciudadanos se hayan animado a estudiar con detenimiento la historia, sino por la cruel razón de que la espantosa realidad actual ha llevado a pensar que, a pesar de sus problemas, con AD se vivía mejor. Y miren que vivir mejor que ahora no es muy difícil.

Pero para que eso suceda… Es más, para que los candidatos de la MUD toda, y no solo los de AD, salgan airosos en los comicios, es necesario que cese el espectáculo bochornoso que se está viendo en Amazonas, Aragua y Yaracuy.  Obviamente no es suficiente, pero ayudaría mucho.

@AAAD25

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