¿Cuál destino nos alcanzará?, por Armando Martini Pietri

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Algunos piensan que es momento de transición. Comparto la tesis. A veces pareciera, se trata de la profundización de un modelo fracasado, donde cobra fuerza el relevo del madurismo hacia el chavismo. De ser cierto, se creará una atmósfera que resultará en escenarios políticos complejos y preocupantes, no tanto por su implementación sino en la conjunción de beneficios y ambiciones que pululan en el ambiente, lucha estéril de intereses y egos.

Después de semanas en protesta, la pericia oficialista de reprimir y dar largas, parece dar resultados. Desesperados introdujeron la constituyente y si ésta no se realizara, seria argumento suficiente para dar por finalizadas las manifestaciones. A pesar de la molestia y contrariedad que continúa haciendo estragos. Lo que se percibe, no necesariamente cierto, es que la confrontación política la están ganando. Maduro sigue siendo presidente y es gobierno, puede que sin autoridad ni respeto, pero con el poder.

La constituyente se convierte en bandera y motivo de lucha, pero olvidar el hambre, la inseguridad, inflación, carestía y tantas plagas, sería un error. Sectores se plantean participar, otros se niegan, de lado y lado son insultados, vilipendiados, difamados e injuriados.

Solo para recordar, ¿cómo actuó la oposición chilena cuando Pinochet acepto ir a referendo? Lo montaron y dirigieron los pinochetistas. Pero había una oposición inteligente, seria, unida, sin arrogancias, sin contradicciones, ambiciones enceguecedoras ni cálculos politiqueros. Participo y gano. Sólo se autoexcluyó el Partido Comunista, era de esperar.

En Venezuela matemáticamente ganarle al gobierno es posible. Se ha demostrado, las elecciones parlamentarias del 2015 son un ejemplo. Solo habría que asegurarse una veeduría nacional e internacional blindada -presionar la intermediación del Papa, la ONU, OEA, etc.- y con sus propias reglas perderían. Los estudios de opinión, evidencian que en el chavismo la mayoría no comulga con Maduro. ¿Por qué negarnos -al menos- a discutirlo? ¿Es preferible seguir observando morir jóvenes por un Gobierno que no le importa matar, ultrajar y que el mundo lo critique? Por cierto, ningún fallecido o herido es de la generación culpable de este desastre. Quienes dan sus vidas son nacidos en esta afrenta. ¿Es que no ven Cuba, Corea del Norte? ¿O siguen creyendo en pajaritos de Maduro?

La oposición formal luce perdida, contradictoria e incoherente. Lo prodigioso y a la vez, atroz, es que no es así, por el contrario, tienen planes, pero sus tácticas son impuestas por egos y codicias, tienen agendas propias, partidistas, no oyen ni escuchan, ni consagran tiempo para estudiar y definir. Por esas razones y traspiés, el 60% de los que protestan no obedecen sus líneas, sólo ostentan vocería. Que la oposición formal no controle, ni exista estrategia y plan único, es muy grave, gravísimo. Podrán decir lo que quieran, pero si estos fueran brutos e incompetentes -políticamente hablando- no estarían llegando al año 19 de esta desgracia revolucionaria. Entiendan de una vez por todas, no están enfrentando a bobos y pendejos, están desafiando a 60 años de la dictadura más larga y sangrienta del planeta: Cuba, la de los Castro.

Pero lo más asombroso e irritante es que, ante la precariedad de líderes, si un General, capitán, mayor, sargento, un diputado, concejal, alcalde, la Fiscal general, José Vicente Rangel o algún desconocido, encabezara un movimiento que obligara a Maduro renunciar, ése se convertiría en presidente, sería el nuevo caudillo, se levantaría como héroe nacional, incluso sin importar su pasado. Es de tal magnitud la desesperación, que si Diosdado Cabello es elegido para despedir a Maduro, sería el líder indiscutible y trágicamente el pueblo se postraría. La verdad duele, a veces es terrible, pero saberla es mejor.

Algunos tienen la esperanza de que un militar, desaloje a Maduro del poder y se ponga al frente de un anhelo popular. Suena bonito, y en el terreno de las especulaciones es probable. Los más soñadores y fanáticos creen que esto se resuelve legalmente, y si alguien comete el pecado mortal de contradecirlos serán calificados de enemigos, divisionistas, vendidos, traidores.

Salvo el camino de la negociación bien entendida, transparente, con inclusión de factores distintos y siempre con el interés nacional de primero, el oficialismo solo se iría con un sacudón social, tienen a Venezuela por cárcel. Para que ocurra lo de Ucrania, que es la fantasía de moda, tendrían que salir millones a las calles, surge la duda ¿Saldrán? ¿Hay el suficiente estímulo y liderazgo?

El desenredo es evidente, lo habrá más temprano que tarde, todo dependerá del ímpetu y el alcance social de la movilización, además del costo político al gobierno y los quiebres internos que se generen dentro del oficialismo. Existen actores claves – guste o no – para activar algún desenlace: la fuerza armada y la comunidad internacional. Desafortunadamente, sus tiempos e intereses no concuerdan con los lapsos políticos y no coinciden con los períodos de hambre.

Si la movilización continúa creciendo o se mantiene, y no se presentan fracturas reveladoras en el gobierno, el escenario de transición puede ser un acuerdo entre el oficialismo, militares y chavismo originario. La oposición no tendría mayor influencia; salvo los cómplices y enchufados de siempre que mantendrán privilegios y cuotas de poder para satisfacer sus burocracias.

Si por el contrario, se acrecienta la movilización ciudadana y el gobierno se empeña en el proyecto de Asamblea Constituyente, puede ocurrir una situación generalizada de divisiones, que llevaría a nuevas y desconocidas alianzas propiciando un cambio profundo, en el cual sectores diferentes a los tradicionales germinen y asuman responsabilidades.

Y si el gobierno logra contener la movilización ciudadana, avanza con la convocatoria constituyente y logra imponerla, se profundizará el modelo actual y la cubanización de Venezuela será fatal. El camino no es fácil, será difícil y si -en caso negado- se da la constituyente la siguiente etapa de resistencia será más fuerte con actores diferentes pero al final la transición será inevitable.

Esto no se detiene, se avecinan días difíciles, hay que motivar la unión evitando a toda costa caer en la depresión, el oficialismo juega al cansancio y frustración, no abandonar la protesta, rezar mucho, reunirse con amigos, hablar de política, apoyarse mutuamente, así seremos triunfadores.

@ArmandoMartini

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