Desacato múltiple, por Armando Martini Pietri

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No deberían existir muchos inocentes sorprendidos que la dictadura lograra imponer a sangre, muerte y fuego su perversa constituyente castrista. A pesar de las innumerables promesas en contrario. Una vez más, encubiertos en la penumbra, sectores infames se arrodillaron a negociar a espaldas del pueblo, traicionándolo, sin importar un carajo los jóvenes fallecidos y el luto de sus familias, proporcionando oxígeno y tiempo necesario para que se arribara al domingo 30 de julio. Día, por cierto, que será recordado e inscrito en los libros, Wikipedia y similares como la estafa electoral y burla ciudadana más grande jamás ejecutada en la historia venezolana. Tal será de grosera la arbitrariedad, que Smartmatic lo denunció. Con seguridad los capos están agradecidos y sin duda, cooperantes cómplices serán bien recompensados. Son, para decir lo menos, traidores tarifados.

El acaricia posadero y empleado del castromadurismo, criticado en público pero elogiado en privado, ejemplo de la hipocresía política, lo confesó públicamente –y sin consulta previa- que en las últimas semanas había mantenido reuniones diversas con actores del Gobierno y otras con representantes de la oposición, y fue más específico: “Después de lo sucedido en los últimos meses, después de la pérdida de más de un centenar de vidas, después de las conversaciones mantenidas, me reafirmo en que únicamente la negociación, la concertación y el acuerdo pueden dar una salida a la grave crisis que vive Venezuela, la salida acordada y pacífica que desean la inmensa mayoría de los venezolanos”. Más claro agua, aunque algunos sigan prefiriendo el chocolate amargo.

Agregó que en esos clandestinos encuentros, las cuestiones a definir fueron la fijación de un cronograma electoral con fechas precisas para elecciones a las alcaldías y presidenciales, avanzar de manera urgente en la Comisión de la Verdad para tomar medidas amplias e inmediatas sobre liberaciones de presos; acordar de manera urgente el procedimiento para poner fin al desacato de la Asamblea Nacional; fijar nuevas reglas y garantías para que la Asamblea Constituyente se comprometa de forma inequívoca con el respeto a los principios de la República, a los poderes constitucionales y al sufragio universal como fuente exclusiva de legitimación del poder; y asumir el compromiso de compartir la aprobación inmediata de medidas económicas y sociales, apelando también para ello a la colaboración externa.

¿A quién diablos solicitaron autorización para tratar temas que no estaban previstos en la consulta, donde 7.6 millones de ciudadanos ordenamos un mandato claro y contundente, dejando bien establecido lo que se debía hacer? No están facultados para ir más allá. Entonces la pregunta es ¿porqué no lo hicieron? ¿Qué les impide cumplir con exactitud el mandato ciudadano? ¿Se niegan a consumar la orden del pueblo? ¿O no tienen gónadas? Lo que sea, díganlo, sincérense para saber a qué atenernos los ciudadanos.

Quienes escogieron participar en ese macabro e inconsulto diálogo, perdieron, fracasaron, defraudaron, violaron el mandato popular, y deben asumir su consecuencia, abandonar los puestos de dirección en las filas de la oposición democrática, y dar paso a los nuevos dirigentes forjados en la calle, que actúan con franqueza y expresan la verdad sin malabarismos oratorios.

Esa dirigencia que no antepone intereses partidistas e individuales a los de la nación, que se niega a cohabitar, de buenas costumbres ciudadanas plenas de principios éticos y morales. Esa es la oposición que Venezuela merece y se gana a diario, con dolor, muerte, heridas, tortura, cárcel y exilio. Una oposición confiable, legítima, coherente, sin contradicciones, cumplidora de lo que promete, en la que los organismos internacionales tengan confianza, fe y seguridad, que al actuar fuera de nuestras fronteras, no serán desmentidos ni ridiculizados.

La oposición, y en especial la Mesa de la Unidad Democrática, vivieron horas estelares y de mucho riesgo, pero no supieron interpretar adecuadamente lo que sucedía, se engolosinaron. Se limitaron a sus intereses, los arrastró la prepotencia y los hundió la soberbia ególatra; no entendieron a la sociedad actual, a quien no prestó atención y subestimó. Es hora de que los excluidos opositores que son mayoría, se impongan sobre la minoría excluyente, arbitraria, dominante y cumpla de inmediato el mandato popular.

El castrismo inventó la trampa Constituyente, su regente la ejecutó, y ambos quedaron atrapados. Parte del mundo reacciona desconociendo el fraude, presiones internas y externas se reforzarán mutuamente. El aislamiento internacional comienza, por ahora, político y declarativo, pero cada vez más avanzará en lo diplomático y económico, con graves repercusiones para la estabilidad, viabilidad y supervivencia del régimen. Pero incoherentes desequilibrados y contradictorios insensatos obstaculizan, quieren participar en elecciones regionales; hacerlo sería una trompada, un bofetón para la comunidad internacional que nos apoya. ¡Qué vergüenza, debería darnos pena!

En sus entrañas el PSUV sufre retortijones, convulsiona. Instalarán el esperpento, sus integrantes y directivos: quien la presida será presidente de facto, y estallará la confrontación interna por el poder.

Ahora se entenderá que los llamados divisionistas, radicales o guerrilleros del teclado, calificados así para desprestigiarlos, anularlos y denigrarlos, tenían razón y comenzará la verdadera lucha por la libertad, sin falsos diálogos ni negociaciones. El rescate va a ser duro y costoso pero el triunfo de la razón es inevitable y la justicia reinará entre nosotros, ¡el 31J no será una mañana más sino día que comienza la batalla!

Injusto y egoísta negar que la coalición opositora ha tenido más aciertos que errores en estas semanas de protestas y ha logrado cercar, acorralar al Gobierno. Pero la situación cambió, vienen momentos de apuestas arriesgadas y tiempos de decisión. Vacilaciones y discursos pomposos no tienen ya cabida. Los cálculos y conveniencias politiqueras se terminaron. La lucha no terminó el 30J, va a redimensionarse y quienes hoy tienen responsabilidades, han mostrado incapacidad para adaptarse.

La oposición está obligada a renovarse, ajustarse a las nuevas realidades. Continuar batallando sin amilanarse. El régimen complicó su estadía en el poder, la presidencia le queda grande, inmensa, y será el primero en arrepentirse de haber realizado la Constituyente.

Aun instalada, es una derrota política. Se falsearon resultados. No se necesitan pruebas, fue evidente. ¿Y ahora qué? La confusión reina acompañada de frustración y desánimo es parte de la disputa, las fuerzas democráticas debemos seguir adelante con sinceridad y apego a la verdad, en un enfrentamiento que no terminará hasta conquistar la libertad y democracia.

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Centro De Estudio Ecografico Dra. Adriana Acosta.

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