El botón rojo de Hausmann, por Armando Armas

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sta semana el director del centro de estudios de desarrollo de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann, escribió un polémico artículoque propone la intervención armada de una coalición internacional para salir de la catástrofe que vive Venezuela.

Por un lado, la posición de Hausmann compara -luego de un impecable análisis-, el desafío de lidiar con un “estado delincuente” con lo que fue la Segunda Guerra Mundial y propone que, desde la Asamblea Nacional, destituyamos a Maduro y a Tareck El Aissami. Así mismo, sugiere que nombremos un gobierno que pida la cooperación de “países amigos” para hacer frente a unas Fuerzas Armadas que, por acción y omisión, han apoyado a la dictadura.

Vale la pena mencionar la réplica de los profesores Sean W. Burges y Fabricio Chagas quienes difieren de la posición de Hausmann. Si bien sus argumentos son considerables, los ejemplos que proponen no son aplicables a Venezuela, en razón de nuestra tradición occidental a diferencia de Oriente Medio. Por no mencionar que dicha postura relativiza el “conflicto de poderes” y que el caso de Venezuela es único, comparable a un secuestro criminal más que a una crisis política y económica propiamente dicha.

Con los secuestradores o se negocia o se opta por acudir a los órganos de seguridad para el rescate. En ambos casos, el resultado puede ser o la liberación o la muerte tanto de secuestrados como de secuestradores; y esto último (la muerte) es lo que hay que evitar.

En este sentido, Hausmann afronta el problema a través del abordaje de la “legitimidad” mientras Burges y Chagas fallan en el diagnóstico.

Para hacer lo que plantea el prestigioso académico de Harvard, lo primero que habría que tener es un consenso dentro de la AN, no sólo para la aprobación de la propuesta, sino para su ejecución. Ya vimos lo ocurrido con el abandono del cargo del presidente en su momento.

Sin embargo, inclusive en la hipótesis de un consenso, la AN carece de la potestad para nombrar un nuevo gobierno y con ello, un nuevo Comandante en Jefe para llamar a la asistencia militar; misión que según el artículo 187 de la Constitución debería, a su vez, ser autorizada por la AN.

Los acontecimientos recientes indican que, aún clamando “legitimidad” sobre “legalidad” el resultado sería, sin lugar a dudas, el encarcelamiento de todos los diputados, incluso antes de tomar esa decisión, acción ineficaz, más allá del temor que podamos experimentar los parlamentarios.

Independientemente de los problemas de legitimidad de dicha propuesta, se obvia la situación política de los mencionados “países amigos”. Miremos por ejemplo el caso de Colombia y su compleja dinámica de conflicto en la cual Venezuela y Cuba han jugado un rol fundamental; o Brasil, nuestro otro vecino, cuya fragilidad para asumir una postura como la que Hausmann propone, radica en el conflicto de gobernabilidad y escándalos de corrupción.

México, por su parte, ha sido uno de los países más proactivos con los venezolanos, insistiendo en la vía diplomática y determinados, tras la falta de acuerdos, a levantarse de la mesa de diálogo de República Dominicana.

Sin mencionar que el 2018, para estos países, es un año electoral y los candidatos favorecidos en las encuestas no se inclinarán a propuestas como ésta, por decir lo menos. Recientemente, Perú y Argentina, aliados de la causa democrática venezolana, han tenido conflictos internos y Chile, otro de los países mediadores en el diálogo, ha asumido una posición similar a la de México.

Hay casos como el de China y Rusia, hasta ahora aliados del régimen que, teniendo en juego miles de millones de dólares, no permanecerán inertes ante un escenario de intervención extranjera como el que plantea Hausmann. Razón por la cual sus aparatos diplomáticos y de lobby internacional se mueven para evitarlo.

En mi opinión, el uso de la fuerza no es “antipolítica” – de lo contrario no sería regulado por la Constitución y las leyes- sino que es un tipo de política de altísimo riesgo por la cual se opta cuando el liderazgo no es capaz de brindar una solución acordada o cuando una de las partes en contención, insiste en la aniquilación del adversario. Se necesitan varios para hacer política y sólo uno para hacer la guerra.

Es como aquello de “presione el botón rojo en caso de emergencia” siendo, la emergencia, los cientos de miles de venezolanos muertos atribuibles a la inseguridad, a la falta de servicios médicos y a la malnutrición, así como los millones en riesgo de correr el mismo destino u optar por la migración que no es otra cosa que un desplazamiento forzoso. Todo ello, resultado de la política de un régimen delincuente.

Los venezolanos que depositen todas sus esperanzas en una intervención armada extranjera se deslindan de su responsabilidad cívica en espera de un milagro; pero quienes descarten totalmente esta vía no han comprendido nada de la historia.

En Cuba por ejemplo, tras el intento de invasión de Bahía de Cochinos, los cubanos claudicaron su lucha interna y optaron o por irse del país, o por esperar una invasión (que nunca llegó), o por adaptarse al comunismo.

En el caso de Venezuela, quien o quienes tengan el “botón rojo” lo presionarán sólo si se cumplen dos requisitos: 1) que se vean afectados sus intereses 2) que logren un consenso entre liderazgo opositor y la comunidad internacional.

Los políticos que creemos en la democracia competimos por el acceso al poder y su ejercicio a través de mecanismos pacíficos, de los cuales el voto resulta el más idóneo.

Para nadie es un secreto que en Venezuela el voto libre, transparente y confiable haya sido secuestrado y en este sentido, es nuestro deber -sobretodo en un año electoral-, luchar para recuperarlo. Luchar desde las ideas y en la calle.

Debemos asumir que el evento electoral presidencial estipulado para este año será un punto de quiebre para los destinos de nuestro país. Sea que el régimen impida las elecciones, o llame a ellas en las ya conocidas condiciones aberrantes que cuestionen nuestra participación (como la eliminación de la tarjeta unitaria, la restricción de los tres principales partidos políticos, el REP viciado, el fraude electrónico denunciado y demostrado, etc), o sea que se las roben; la movilización masiva de la ciudadanía será lo que impulse la salida definitiva de la dictadura.

Seguramente, mientras Hausmann escribía su artículo, el presidente Trump tuiteaba sobre cómo su botón rojo era mejor, más potente y más funcional que el del líder Norcoreano Kim Jong-un, tras su amenaza. En ambas situaciones, del dicho al hecho…

Es el momento de que los venezolanos, sean cuales fueren sus creencias, ideologías y convicciones, así como su lugar de residencia, nos unifiquemos más que nunca.

Sigamos construyendo alianzas internacionales exponiendo las razones por las cuales una transición a la democracia en Venezuela favorecerá, no sólo a los venezolanos, sino también a la región y al mundo en general… Sin con ello dejar de reconocer la responsabilidad individual para forjar nuestro destino colectivo.

Armando Armas

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SALUD IMAGEN LA VIÑA C.A

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