El otro Kamasutra: el libro del siglo XV que nos enseña los misterios del sexo

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‘El jardín perfumado’ demuestra que la manera en que se vivió la sexualidad fuera de nuestra civilización fue muy distinta de lo que pensábamos

“Alabado sea Alá, que ha puesto los mayores placeres del hombre en las partes naturales de la mujer y ha destinado las partes naturales del varón para que la hembra disfrute”. De esta forma da comienzo ‘El jardín Perfumado’, manual sobre sexo y, al mismo tiempo, compendio de relatos eróticos, escrito en Túnez en el siglo XV por el Jeque Nefzawi.

Consejos sobre las mejores técnicas en la cama, advertencias sobre la salud en la práctica amatoria, recetas y remedios naturales para curar enfermedades venéreas, una listas completa con los diferentes nombres que se han dado a los órganos reproductores, instrucciones para la correcta interpretación de los sueños e incluso descripciones sobre cómo es el acto en el mundo animal… Todo ello con narraciones intercaladas que intentan ofrecer un contexto práctico al lector.

Para su traductor, Richard Burton, la obra era única en su género por “la seriedad con la que se presentan los asuntos más obscenos y lascivos”

‘El Jardín Perfumado’ se presenta, en definitiva, como una miscelánea que llegó a tener en el mundo árabe una reputación perfectamente equiparable a la de obras como ‘Las mil y una noches’, y que desde nuestra perspectiva moderna debería llevar a replantearnos muchos lugares comunes que, aún hoy, mantenemos sobre la civilización que dio a la luz esta obra.

¿Manual sobre sexo o pornografía?

El libro empezó a cobrar relevancia en Occidente gracias a la traducción inglesa realizada en el siglo XIX de un manuscrito francés por el explorador, geógrafo, soldado, cartógrafo, poeta, diplomático, lingüísta, y orientalista, Richard Burton. Al igual que sucede con el ‘Kamasutra’, ‘El jardín perfumado’ tiene un propósito didáctico, si bien algunos de sus temas pueden resultarnos más escabrosos que los del texto indio, como, por ejemplo, las diferentes alternativas que existen para alargar el tamaño de los genitales masculinos.

Para Burton, la obra era única en su genero por “la seriedad con la que son presentados los asuntos más obscenos y lascivos”. No todas las ideas recogidas son, por supuesto, originales. Como el propio orientalista señalaba, la descripción de los diferentes posiciones, así como los movimientos recomendados para que las sensaciones sean más intensas, son préstamos que beben claramente de las fuentes de la India.

Estos libros estaban aprobados por la religión. Sus consejos se concebían como parte de las dádivas que Alá regaló al ser humano

A diferencia de la obra de Vātsyāyana, el libro de Nefzawi utiliza, sin embargo, la parte narrativa para dar descripciones muy detalladas de las formas con las que llevar a cabo el coito que, probablemente, harían enrojecer hasta al mismísimo autor indio. La traducción francesa utilizada por Burton contenía, además, un capítulo incompleto dedicado a la homosexualidad y a la pederastia que no se publicó en la edición inglesa. Cuando Burton falleció en 1890, se encontraba trabajando, precisamente, en la recuperación de dicho episodio.

Ante el temor a un posible escándalo, justo después de la muerte de Burton, su mujer Isabel acabó quemando este último legado: “De dos mil hombres, catorce lo examinarían, probablemente, con un fin científico. Los demás lo leerían de manera sucia, lo compartirían con sus amigos y el daño sería irreparable”, defendía. Su acto explica, sin duda, más cosas sobre la moral victoriana de la época que sobre cómo se ha entendido realmente el erotismo fuera de los límites de nuestra civilización.

La sexualidad en Oriente Medio

Para muchos occidentales que asocian hoy el mundo árabe con un universo repleto de tabúes sexuales, parece inimaginable que una obra semejante haya podido ser engendrada en el seno de esta cultura. La arqueóloga y antropóloga Sarah Irving, destaca a la ‘BBC’ cómo tratados como ‘El jardín perfumado’ nos deberían quitar de la cabeza muchos de estpes prejuicios: “Lejos de ser un volumen ‘underground’ de pornografía medieval, este tipo de libros estaban aprobados por la religión, y sus consejos eran concebidos como parte de las dádivas que Alá había regalado al ser humano”. De hecho, el público al que originariamente estaba destinado el libro era el de los hombres casados y su finalidad real era la de servir como una mera guía sexual.

El sexo en el mundo árabe no solo no es un tabú, sino que en determinados contextos se presenta como toda una celebración de la vida

En el lado opuesto de este tipo de interpretaciones se encuentra la visión hipersexualizada que los orientalistas tenían sobre la región y su cultura, donde las fantasías occidentales parecían llevarse a cabo de una forma extrema e inconcebible. Ambas ideas, la pacata y la hipersexualizada, se encuentran claramente sesgadas, si bien la primera denota, probablemente, una mayor ignorancia.

Buena culpa de ello se halla en las concepciones particularmente erróneas que aún mantenemos de clásicos como ‘Las mil y una noches’. Mientras buena parte de los relatos recogidos en la obra han sido adaptados a nuestro contexto en forma de películas de aventuras o de dibujos animados (‘Aladino’, ‘Simbad’, ‘Alí Babá y los cuarenta ladrones’, etc.), la realidad es que los cuentos originales tenían una base nada inocente y muy sexualizada: “Es obvio que el contenido fuertemente sensual e incluso pornógrafico de ‘Las mil y una noches’ corre paralelo al de otros ejemplos de la literatura árabe”, escribe el historiador británico Robert Irwin en un prólogo a una edición de 2010.

Miniatura erótica persa.
Miniatura erótica persa.

Efectivamente, los ejemplos que certifican la importancia del sexo durante el periodo medieval en esta región del planeta no faltan: el diálogo sobre las preferencias sexuales de los hombres ‘Alghilman wa Aljawari’ de Al-Jahiz o la ‘Enciclopedia del Placer’ de Al-Katib son dos buenas muestras.

“El árabe es el lenguaje del sexo” cuenta la protagonista de la novela ‘El sabor de la miel’ de la escritora siria contemporánea, Salma Al Neimi. Como otros autores antes de ella, el sexo en el mundo árabe no solo no es un tabú, sino que en determinados contextos se presenta como toda una celebración de la vida. Aunque la religión y las normas sociales dicten cómo debe ser el comportamiento de sus ciudadanos en público, tras las puertas de las alcobas y las tapas de su literatura, los hombres siguen siendo hombres y las mujeres siguen siendo mujeres

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