El vaso todavía no se ha roto … por Orlando Viera-Blanco

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En Venezuela sabemos quien favorece el desorden. Pero la aparición de nuevo orden lo resistimos todos con nuestro desprecio hacia el otro.”

Es usual que en filosofía política y ciencias sociales, no precisemos conceptos para explicar sus fenómenos. La concentración en lo estrictamente literario, limita la explicación de desenlaces políticos. Igual lo contrario. Matemáticos, físicos, químicos, recurren a la filosofía, para explicar sus tesis cuánticas. ¿Cómo explicar la polarización y la ruptura sociopolítica en Venezuela? ¿Por qué no acaba el caos? En un atrevimiento desesperado, recurro a la termodinámica-sic-para aproximar el origen y una posible desanudación.

En 1877 el físico austríaco Ludwig Boltzmann, estudió la mecánica estadística a partir del concepto de entropía, que es el desorden de un sistema, es decir, su grado o no de homogeneidad. Los estudios se originaron por la desproporción entre el movimiento de combustión a motor y la energía invertida. El escape de gases, la dispersión atómica y la pérdida de conductores de intercambio sistémico, justificaban la ineficiencia entre alta inversión carburante y pobre locomoción. Cuando se plantea la pregunta sobre qué eleva o reduce los niveles de rendimiento en los procesos  de adecuación o reagrupamiento energético, la respuesta es el caos, el desorden y una constante inconmensurable de vulnerabilidad. La entropía es la ciencia que estudia los factores de compensación, optimización, equilibrio o inalterabilidad en la termodinámica. Por ejemplo si se ponen en contacto dos trozos de metal con distinta temperatura, se anticipa que el trozo caliente se enfriará y el trozo frío se calentará, finalizando en equilibrio térmico. El universo tiende a distribuir la energía uniformemente, es decir, maximizar la entropía. ¿Siempre es así? Unir dos coloides -agua y aceite- en temperatura ambiente, no ocurrirá. Pero si incide un catalizador o entropía necesaria- maximizará la mezcla.

Mutatis mutandi: ¿Cuáles son los factores de escape de nuestra “energía política” que impiden maximizar un movimiento ciudadano ideal para salir del caos?  ¿Dónde reposa la clave de nuestra “dispersión cuántica”?.  La entropía sugiere detectar esa aleatoriedad constante que trunca el proceso de armonización … Existen procesos de ordenación natural cómo las naranjas de un cesto que al ser agitadas toman su lugar. En estos casos el nivel de entropía se maximiza (disposición al orden), porque existe una constante gravitacional, (micro-estado) que lo posibilita. La entropía será cero cuando un estado no tolera niveles de ordenamiento, como a temperaturas mayores de 2.70o C, donde no hay nada que modular…Lanzar un vaso al suelo, hace que se rompa de tal modo, que es imposible reponerlo a su estado original. Echar una cucharada de pintura roja en un cuñete blanco, producirá  una nueva tonalidad de fuego, irrevertible. En política sucede lo mismo.  La existencia de un orden o desorden, facilita o no la convivencia o la anarquía, la anomia. Hace falta un micro-estado que posibilite la coexistencia. Un ambiente propenso a revertir el caos. La educación, es uno de ellos. Hacer cosas ordinarias a partir de gestos extraordinarios. Amar, dar paso, visitar al vecino, dar, despojarse de lo propio para auxiliar al desposeído, es crear microestados  de maximización grupal.

Los elementos que separan una sociedad-como agua y aceite- e impiden la entropía política, son la indisposición de sus integrantes a reconocer los factores originarios de fractura e intolerancia. Los venezolanos desdecimos de nosotros, al tiempo que nos condenamos a la nada, porque los movilizados socialmente poco nos importó los inmovilizados. En esa Venezuela trepadora y en constante indiferencia, está nuestra desvaloración social. En ese terreno infértil llegó Chávez. Campo minado propicio al desorden, al desmantelamiento institucional y a la violencia. Sazón en constante ebullición donde no hay acomodo. Un micro-estado de banalidades, donde la constante es “yo no fui, no es mi problema”.  Ahi la entropía o maximización grupal, es imposible, por lo que la polarización del país es K (la constante).

Pocos actores políticos han carburado una sociedad justa y homogénea. El debate lo han reducido a lo ideológico. El chavista con su lucha de clases. La oposición y su petro-democracia social, centralista y de derecho. Nadie va al catalizador esencial: la responsabilidad compartida; la compasión, el desprendimiento. Aun así, la sangre no ha llegado al rio. Los micro-cosmos de aislamiento (bachaqueo, encerronas residenciales, guetos, misiones) han intensificado la degradación y desintegración social, pero aumentando el caos, el aislamiento abre camino a la indefensión aprendida, a los miedos y conveniencias.

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química (1977), sentenció que  “la entropía contiene dos elementos dialécticos: un elemento creador de desorden, y otro creador de orden. En Venezuela sabemos quien favorece el desorden. Pero la aparición de nuevo orden lo resistimos todos con nuestro desprecio hacia el otro. Tenemos que querernos más, tratarnos mejor, ayudar más, bajar el tono. A políticos no les gusta hablar de responsabilidad compartida. Les cuesta compartir. Los catalizadores somos nosotros, los ciudadanos. Hay tiempo. El vaso todavía no ha caído, no se ha roto…

 

@ovierablanco

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