El verdadero motivo que te hace bueno o malo en la cama

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No, no necesitas pasar horas y horas en el gimnasio para aguantar más entre las sábanas, ni lo que esperan tus amantes de ti son sesiones inacabables de sexo

Tenemos una visión muy deportiva del sexo. Cuando pensamos acerca del rendimiento en la cama (sobre todo, el nuestro), lo entendemos en términos que cualquiera pensaría que tienen más que ver con una disciplina olímpica que con una relación íntima. De ahí que los hombres tiendan a asegurar que duran mucho tiempo en la cama, como si de corredores de maratones se tratase. Un buen rendimiento en la cama parece sinónimo de un buen rendimiento deportivo.

Aunque pueda tener un gran componente físico, en realidad el sexo consiste en otra cosa, como recuerda uno de los artículos de The School of Life, el proyecto ideado por Alain de Botton. Se trata, más bien, de ideas que de ejecución. O, mejor dicho, esta última no tiene sentido si la primera parte no es lo suficientemente fuerte, de igual manera que da igual correr mucho en el campo detrás de la pelota si no se tiene un buen plan cuando esta se recupera. Como dijo Johan Cruyff, “no hay que correr mucho, el fútbol se juega con el cerebro; debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”.

 

Se trata de olvidarse por unos instantes de los genitales y detenerse en todo aquello aparentemente no sexual

El artículo propone una visión alternativa: si el sexo tan solo se tratase de algo físico, ¿qué hacemos por ejemplo con las relaciones a distancia, como las que se pueden producir en el cibersexo, o con el tantra? “Ser un buen amante es en primer lugar y sobre todo una cuestión mental”, explica el artículo. No solo eso, sino que la clave para disfrutar enormemente se encuentra en ser capaces de liberarnos de muchas ideas de lo que es normal que dominan en nuestra vida no sexual.

No tengas miedo

¿De dónde proviene la frustración sexual? Probablemente, de los miedos que se derivan de los cánones impuestos de lo que debe ser buen sexo. Son tres los más habituales, según el artículo publicado por School of Life, y es fácil sentirse identificados con ellos: el miedo a no ser lo suficientemente atractivos, el miedo a no conocer determinadasposiciones o a cansarnos pronto.

La persona buena en la cama es la que anima, apoya y legitima a nuestros ‘yoes’ más íntimos al mismo tiempo que es consciente de sus deseos

En resumen, tres aspectos que tienen que ver con los cánones de belleza impuestos, con la gimnasia pornográfica y con la resistencia física. Con la excepción de las posturas sexuales –que sí están relacionadas de manera más estrecha con la imaginación–, parece que nos estamos preparando para el ‘Ironman‘. Pero es más probable que nuestro éxito o fracaso entre las sábanas, y también el placer que experimentamos, tenga más que ver con nuestra capacidad de pensar, imaginar o explorar que de un simple movimiento mecánico.

Se trata de olvidarse por unos instantes de los genitales –ya tendremos tiempo más tarde para volver sobre ellos, no hay que preocuparse– y detenerse en todo aquello aparentemente no sexual que, no obstante, puede convertirse parte de una fantasía. Y ahí sirve cualquier cosa, desde la ropa hasta la comida pasando por la inspiración en novelas o películas. Especialmente, las partes del cuerpo: pasa de la entrepierna un momento y decántate por la nuca.

 

Una última sugerencia: revisa la cronología de tus encuentros sexuales. ¿Por qué empezar siempre con unos besos, seguir por un fogoso desvestimiento mutuo, pasar a unos breves preliminares y, por último… ya sabemos cómo termina la cosa? Quizá se pueda alterar el orden de los factores, y no nos referimos necesariamente a hacer el amor con ropa, pero sí a no centrarnos únicamente en el orgasmo.

“La persona buena en la cama no es tan solo aquella que sabe cómo articularse rítmicamente en largos períodos”, concluye el artículo. “Es aquella que anima, apoya y legitima a nuestros ‘yoes’ más íntimos al mismo tiempo que es muy consciente de sus deseos y entusiasmos privados. Es una desnudez mutua de la mente, posible a través de la confianza”.

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