La Fantástica Historia de los Soñadores Antonio y Diego Cisnero y el “Origen de la Fortuna De Gustavo Cisnero”

Share:

Antonio y Diego  Cisneros Bermúdez nacieron en La Habana, Cuba. Hijos de Diego Jiménez de Cisneros y Govantes,  de origen cubano, y de María Luisa Bermúdez Martínez, natural de Ciudad Bolívar. Este médico y odontólogo habanero decide casarse  en Puerto España, Trinidad, con una venezolana, quien por intereses comerciales de su familia vivía en esa Isla. Posteriormente, la pareja fija residencia en Cumaná, pero una situación intempestiva los obliga a viajar a la Habana, donde años después la tuberculosis vence al cabeza de familia  en 1914, dejando viuda y dos hijos.

Resultado de imagen para diego cisnero

Algún tiempo después, en  el año 1918,  Antonio  y Diego, de 11 y 7 años respectivamente, pisan por primera vez tierra venezolana, permaneciendo por algunos días en Macuto con su madre, luego  por razones de sustento familiar prosiguen el viaje a Trinidad, donde los parientes maternos los ayudan en su formación. Allí ambos hermanos realizaron estudios en el Saint Mary’s College en Puerto España, hasta graduarse de bachilleres.

Según datos biográficos, a los 16 años, Diego obtuvo  su primer empleo, fue de ayudante en una óptica. Gracias al dominio de los idiomas inglés y español podía desempeñarse muy bien en el trato con el público. Su primera iniciativa empresarial en el Caribe, la desarrolló en su casa con una sorbetera de helados, manipulada a mano, la cual funcionaba con hielo y salmuera. En Trinidad había muchos venezolanos exiliados que ansiaban comer papelón dulce típico, confeccionado con  base de azúcar y melaza. El producto era escaso en esa isla entonces. Diego con la ayuda de Antonio, su hermano y su madre diseñaron un molde de madera,lo rellenaban con azúcar moscabada y hacían papelón, que vendían muy bien. Fue esa su primera actividad comercial como prestador de servicios.

En  septiembre de 1928,  por razones económicas, la familia Cisneros regresa a Caracas a buscar nuevos horizontes. En el país la fuerza de Juan Vicente Gómez se hacía sentir. El arribo de Diego y Antonio  a Venezuela coincide con los conmocionados acontecimientos de la “Semana del Estudiante”, hechos acaecidos entre el 6 y el 17 de febrero de aquel año. Se iniciaba la etapa de resistencia nacional contra el régimen del Benemérito.

El año 1928 es  el marco de la publicación de Ifigenia de Teresa de la Parra. No había cultura política en Venezuela, pero a partir de febrero de ese año surge  la llamada  “generación del 28”, movimiento que se caracterizó por ser un ademán urbano,  político e intelectual de jóvenes universitarios.  De ese movimiento destacan líderes como Rómulo Bentancourt, Raúl Leoni, Jovito Villalba, Valmore Rodríguez, entre muchos otros.

El 17 de septiembre de 1925, aparece el primer número de la revista Elite, publicación en la cual escriben representantes del vanguardismo literario. Asoman en aquellas páginas los nombres de Arturo Uslar Pietri, Carlos Eduardo Frías, conjuntamente con los intelectuales del 18, Mario Briceño Iragorry, Julio Morales Lara, Francisco Pimentel,  Andrés Eloy Blanco.

El transporte público fue el primer nicho comercial
de los hermanos Diego y Antonio Cisneros

Con dos modernos autobuses de la época, Diego y Antonio Cisneros Bermúdez iniciaron su carrera como empresarios en 1933

Con dos modernos autobuses de la época, Diego y Antonio Cisneros Bermúdez iniciaron su carrera como empresarios en 1933

En la economía venezolana aún esencialmente agraria comenzaban a sentirse los efectos de la aparición del petróleo. A su llegada a Caracas, el menor de los Cisneros  se empleó en el Royal Bank of Canada, mientras su hermano Antonio lo hizo en la Shell. Luego de este empleo, Diego vio mejores y más remunerativas oportunidades en otras empresas y se marchó a una concesionaria de automóviles  de la Chrysler y de camiones de International, empresa que curiosamente era propiedad de Juan Simón Mendoza Fleury, el segundo hombre a bordo del conglomerado Polar.  Aquel empleo fue decisivo en el futuro desarrollo empresarial de Diego Cisneros, quien vio en  el transporte automotor y sus negocios derivados un buen nicho para independizarse.

Con un crédito otorgado por el concesionario Mendoza Fleury,  en 1932 los hermanos Cisneros  adquieren un camión volteo y logran un subcontrato  para recoger escombros en la construcción y asfalto de las calles y carreteras de Antímano, lo cual se puede considerar el primer contacto directo  de la familia con la renta petrolera, en las postrimerías de la economía agraria.

Entre 1933 y 1934 ya Diego y Antonio operaba una ruta de transporte público.  Transformaron el vehículo de carga  financiado por Chrysler  (por ser menor de edad su madre firmó los giros) en una especie de autobusete. A propósito de dicha empresa, se cuenta como anécdota que en pleno régimen gomecista la solicitud de un permiso ante la Gobernación de Caracas para operar la ruta, le costó a Diego  cinco días de arresto. Producto del reclamo del  “afable”  joven Cisneros  a un “prepotente policía”, quien no quería entender que los hermanos Cisneros estaban gestionando la respectiva autorización de trabajo, Meses después de ese malentendido les fue concedido un permiso provisional para prestar servicio de transporte colectivo en Catia.

Hacia el año 1935 estos cubanos  ya habían consolidado su compañía, la cual se suscribió como parte de una cooperativa que Diego llegó a presidir  con apenas 24 años.

El 17 de diciembre de 1935 murió Juan Vicente Gómez,  después de gobernar al país durante 27 años, a partir de ese momento la Venezuela rural transita los caminos de la industrialización, la democratización y todos los aspectos vinculados al  desarrollo de la explotación petrolera. Esto trajo consigo las migraciones de la población  a los centros urbanos, y, por supuesto, amplía las posibilidades de negocio de los empresarios que ofrecen servicios. Las cosas marchaban bien, y en 1938 Diego contrajo matrimonio con Albertina Rendiles Martínez , unión que perduró durante 41 años y procreó ocho hijos.

Las importaciones de electrodomésticos  y de repuestos automotor dieron inicio a D. Cisneros CIA

De Municipal a Mercaderes se ubicó el primer centro de operaciones de Diego y Antonio Cisneros, en 1940

De Municipal a Mercaderes se ubicó el primer centro de operaciones de Diego y Antonio Cisneros, en 1940

A inicio de los años 40, D. Cisneros y Cia., concentraban las representaciones de neveras Norge y artefactos domésticos de la marca Hamilton, además de autorepuestos. En el año 1947 a la representación de los productos para vehículos de carga  Reo, los Cisneros sumaba los carros Studebaker, así como también el suministro de carrocerías para los camiones de Pepsi Cola. Es decir, que se abre un gran abanico de posibilidades para los decididos y creativos empresarios de la época.

A comienzo de la década de los 50, D Cisneros & Cia SA exhibía una vistosa sede en Quinta Crespo. Conjuntamente con la distribución de piezas y parte oara Studebaker. Asimismo suministró durante mucho tiempo las carrocerías para los camiones de Pepsi Cola

A comienzo de la década de los 50, D Cisneros & Cia SA exhibía una vistosa sede en Quinta Crespo. Conjuntamente con la distribución de piezas y parte oara Studebaker. Asimismo suministró durante mucho tiempo las carrocerías para los camiones de Pepsi Cola

Con la temprana desaparición de Antonio, a la edad de 44 años en 1951, Diego siguió adelante con los proyectos que más tarde darían origen al nacimiento de la Organización Diego Cisneros. En 1959, tras la caída de Pérez Jiménez,  ya era considerado como uno de los principales hombres de empresa del país, presidía firmas cuyo capital alcanzaba la cifra de 40 millones de bolívares, entre otras estaban  Embotelladoras Caracas, Antímano, Carabobo, Lara y Barinas, Gaseosas Orientales, Distribuidora Hit SA, Vendomatic SA, Helados Tío Rico SA. Diego  tenía intereses en “La Venezolana de Seguros” y era accionista de Grandes Molinos Nacionales (Gramoven).

Así  estableció  desde finales de los años cincuenta los cimientos de la ODC. Inicialmente agrupó sus negocios en la Oficina Central de Asesoría y Asistencia Social Técnica SA, su intención original fue consolidar las plantas y operadoras de Pepsi Cola en torno a una oficina central que coordinara  finanzas, publicidad y servicios, manteniendo la autonomía de las mismas.

Las relaciones políticas siempre han sido muy bien aprovechadas por la Organización Cisneros

El partido Acción Democrática y sus principales líderes, Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez, fueron los socios políticos de Diego Cisneros. El poder económico ha estado siempre al lado del poder político.

El partido Acción Democrática y sus principales líderes, Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez, fueron los socios políticos de Diego Cisneros. El poder económico ha estado siempre al lado del poder político.

Esta visión de conjunto y las facilidades que brindaron las políticas proteccionistas conjugadas con sus excelentes relaciones con el mundo político, particularmente con los fundadores de Acción Democrática, le permitieron diversificar sus intereses con el fin de construir una red productiva y comercial que garantizase el funcionamiento de las empresas en las que participaba. De allí deriva la actividad del grupo en la industria azucarera nacional y en la producción de envases de vidrio. E incluso,  en otros rubros como el gas carbónico para inyectarle al melado de  cola negra.

La pantalla como negocio de los Cisneros

Las buenas relaciones con el sector político que concentraba el poder, permitieron que Diego Cisneros  innovara dentro de su actividad empresarial en un segmento que jamás imaginó. Hacia el año 1960 factores ideológicos, económicos y políticos  quiebran  la compañía  de televisiónTelevisa, que había sido  fundada en 1953 y mantenido por el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Es decir, el canal 4.

El escritor Rómulo Gallegos y el periodista René Esteves pasaron por los estudios de Televisa, la cual por estrategia política de Betancourt se convertiría en Venevisión, canales 4,6,9 y 12 en todo el país

El escritor Rómulo Gallegos y el periodista René Esteves pasaron por los estudios de Televisa, la cual por estrategia política de Betancourt se convertiría en Venevisión, canales 4,6,9 y 12 en todo el país

Televisa (llamada con las siglas YVLV-TV, canal cuatro) surgió como resultado de la respectiva concesión comercial que el gobierno había asignado a dicha empresa, de acuerdo con el artículo segundo del Reglamento de Radiocomunicaciones de 1941, el cual dio pie a que se instalaran ésta y otras estaciones de televisión comercial en Venezuela.

Este canal, fundado por el locutor Gonzalo Veloz Mancera quien también fue su presidente, inició sus transmisiones de prueba el 4 de marzo de 1953 y fue inaugurado el 30 de mayo de ese año.

Sin embargo, sus transmisiones regulares se harían a partir del 1 de junio de 1953 y duraban entre las4:00 p. m. y las 12:00 a. m. Sus estudios se ubicaban al final de la Avenida La Salle en la urbanización de Colinas de Los Caobos, en Caracas.

Televisa fue la primera estación de televisión de Venezuela en transmitir carreras de caballos (el domingo 9 de agosto de 1953 y narrada por Luis Plácido Pisarello) y de lucha libre y pronto expandió su cobertura instalando una antena en Cabo Blanco, por lo que su señal llegó hacia el Litoral Central por el canal nueve y también colocó antenas repetidoras en Valencia, Maracay y La Victoria, sintonizándose en aquellas ciudades por el canal nueve. Así, Televisa pronto superaría en cobertura a TVN-5.

A la caída del gobierno de Pérez Jiménez, Telavisa se declara en quiebra. Los sindicatos que funcionaban dentro de la estación Televisiva tomaron el control, alegando el pago de sus pasivos laborales. Luego, el gobierno presidido por Rómulo Betancourt, ve con recelo la posibilidad del control sindical de un medio de comunicación, el cual  tarde o temprano podía  atentar contra la democracia recién instaurada si llegaba a caer en manos de los “enemigos de la libertad”. Ante los peligros políticos y la imposibilidad económica del Estado de asumir el compromiso con los trabajadores del canal,  el propio Betancourt llama a Diego Cisneros para ofrecerle en venta lo que desde julio de 1960 se perfila como Venevisión.  El primer paso, y quizás el más determinante, para ubicar los fundamentos del enfoque de la OC hacia el mundo de las telecomunicaciones.

En marzo del año 1961, el capitán de la organización firma un convenio de apoyo técnico  con la American Broadcasting Company, en la ciudad de New York. La nueva Televisa, denominada luego Venevisión, inicia sus transmisiones con un capital de 5,5 millones de bolívares y con 800 mil bolívares mensuales de publicidad  ya vendidos. Monto considerado para la época como muy importante.

La salida del grupo al exterior, tuvo su primera expresión el 2 de diciembre de 1967, cuando  Diego Cisneros incursiona en el mercado brasilero inaugurando una planta de Pepsi Cola en Río de Janeiro. Realmente la “cola negra”  puede considerarse el principal combustible que tuvo la OC para crecer y diversificarse en otros rubros del comercio.

El perfil de ser fundamentalmente una corporación dedicada a la prestación y explotación de servicios, se vio acentuada cuando en  1975 el grupo adquiere de manos de un grupo estadounidense la Compañía Anónima Distribuidora de Alimentos, CADA. Y en  diciembre de 1983, ya había fallecido Diego Cisneros en 1980, la ODC agrega a la lista de sus activos   la tienda Sears, para luego abrir sus puertas al público con el nombre de Maxy’s.

La historia reciente es ya conocida. La ODC (Organización Diego Cisneros) pasó a ser la OC (Organización Cisneros). Al mando de Gustavo Cisneros Rendiles el grupo se internacionalizó. Se desprendió de la mayoría de sus negocios locales y sólo dejó en funcionamiento Venevisión y Cervecería Regional. Los demás aspectos de sus operaciones quedaron en la fase financiera desde el exterior y a través de terceros.

Así la Organización Cisneros S.A., actualmente llamada Cisneros, se convirtió es un conglomerado de medios masivos de comunicación, entretenimiento, medios digitales, inversiones inmobiliarias, desarrollos turísticos y productos de consumo que llega a 550 millones de consumidores de habla hispana y portuguesa en América y Europa, además de llevar contenidos mediáticos a más de 90 países. Tiene su sede principal en Caracas, Venezuela y en Miami, Estados Unidos. Su presidente es el reconocido empresario Gustavo Cisneros y su vicepresidenta es Adriana Cisneros, hija de Gustavo.

GUSTAVO CISNEROS
 

 

 Resultado de imagen para gustavo cisnero

Gustavo es la cabeza visible del grupo Cisneros. Tiene 54 años. Se graduó en la escuela de Administración de Negocios del Babson College en Wellesley, Massachussets y a la sombra de su padre conoció cada rincón de sus dominios. Don Diego tuvo ocho hijos. Con excepción de Gustavo y Ricardo, quien es Vicepresidente de la Organización, ninguno de sus otros hermanos cumple un papel decisivo en el Grupo Cisneros. Carlos Enrique, quien compartía con ellos el ímpetu empresarial, falleció tratando de salvar a su hijo en las caudalosas aguas de un río de Venezuela, y las mujeres de la familia nunca han intervenido en estos asuntos.

La imagen de los Cisneros en Venezuela no despierta calidez. Por eso Gustavo está empeñado en proyectarse como empresario sencillo y accesible. Hace unos meses lo intentó al encargarse él mismo de anunciar en Caracas la compra de los Leones, uno de los equipos de béisbol más populares de Venezuela.

“Queremos hacer felices a los venezolanos. Vamos a trabajar duro. Aquí a la gente le gusta el béisbol y se lo vamos a dar. Oye el rugido”, dijo en ese momento Cisneros en un extraño arranque de informalidad.

Extraño porque la manera de hablar en público de Cisneros, casi siempre protocolaria y ajustada a un discurso grandilocuente, traiciona con frecuencia su empeño de ser afable. Es un discurso en el que a menudo evoca frases de su padre y las combina con su filantrópica obsesión por los graves problemas que sufre la educación en América Latina.

Ninguno otro de los magnates latinoamericanos parece tan preocupado por la educación como Gustavo Cisneros. En sus intervenciones sobre el tema, el empresario ha expuesto las cifras alarmantes de la crisis. Dice que el 45 por ciento de los latinos que ingresan en la escuela primaria jamás llegan a graduarse y que de los pocos que terminan primaria el 40 por ciento no entiende un ensayo de 500 palabras.

“Por si fuera poco -agrega el empresario venezolano-, un maestro latinoamericano gana algo más de un dólar por hora, y durante su ejercicio profesional prácticamente nunca recibe cursos de actualización ni materiales de enseñanza”.

Desde 1979, la organización ha estado vinculada a programas masivos de educación en Venezuela, un esfuerzo que cruzó las fronteras con la creación de Cl@se, una herramienta de aprendizaje a distancia que, según Cisneros, ofrece servicios educativos a más de 30.000 escuelas mexicanas y 7.200 escuelas argentinas.

Como los demás magnates de América Latina, Cisneros es un celoso centinela de su imagen. En las salas de redacción de la prensa venezolana hay una regla no escrita y es que cualquier palabra que se diga sobre el empresario y su imperio tiene que ser cuidadosamente cernida por los editores. Para responder a una entrevista de The Wall Street Journal en 1994, el magnate se presentó escoltado por su amigo Vernon Jordan, el famoso abogado, quien a su vez era miembro de la junta directiva del Journal.

Aunque idéntico al padre en su avasallador optimismo, Gustavo Cisneros tiene un estilo distinto al del fundador de la dinastía. Un embotellador local de Pepsi resumió así la diferencia entre ambos: “Cuando Diego llegaba al piso de una planta abría sus brazos para estrechar al capataz; cuando Gustavo nos visita, sus guardaespaldas aparecen aquí diez minutos antes de que él llegue”.

“Hay un detalle inexacto en ese comentario -sostuvo un empresario muy cercano a la familia-, Gustavo no pasa casi nunca por una embotelladora”.

Pero es que los tiempos han cambiado. A Gustavo le atraen más las veladas con el poder y la cultura. Dos años después de la muerte de su padre, el joven ejecutivo y su esposa Patricia Phelps estaban en la lista de invitados de las fiestas del presidente Reagan.

Patricia, con quien Cisneros tiene tres hijos, está a cargo de una de las colecciones más completas de arte latinoamericano en el mundo

¿Cómo soñar?

Alguna vez alguien le preguntó al padre de los Cisneros cuál era la clave de su éxito y el empresario respondió: “Si no sueñas no puedes concretar”.

Los Cisneros de hoy aprendieron que para soñar se necesita concretar no sólo a inversionistas extranjeros desconfiados sino a presidentes y ministros, y en ese campo todo indica que también son muy eficientes. Algunas de las personas que los conocen, y sólo hablan de ellos bajo la condición del anonimato, sostienen que si Don Diego Cisneros hizo la fortuna con ingenio, sus hijos la mantuvieron con influencias -y un gran olfato para las inversiones a largo plazo- en una convivencia pacífica y a menudo camaleónica con quienes están en el poder.

Los Cisneros han girado cheques a adecos y copellanos en campaña; cortejaron a Felipe González de España; fueron amigos de Rafael Caldera y de Jaime Lusinchi, y del entorno íntimo del presidente Carlos Andrés Pérez, a quien dejaron de saludar; condenaron el golpe de Hugo Chávez pero en mayo de este año lo pusieron a cantar en el palacio de Gobierno con Julio Iglesias “Solamente una vez”.

Gustavo ha participado en la junta internacional de asesores del Chase Manhattan Bank en compañía de Henry Kissinger y David Rockefeller y de hecho fue consejero de la familia de este último en el manejo de sus relaciones políticas con Venezuela. Durante el gobierno de Jimmy Carter, Cyrus Vance, entonces secretario de Estado, recurría a Cisneros como interlocutor.

Cuando el debate de la renegociación de la deuda externa estalló en Venezuela, el presidente Lusinchi solicitó la mediación de Gustavo. En ese momento, en respuesta a la pregunta que un reportero le hizo sobre su relación con el presidente, Gustavo respondió: “Nos ayudamos mutuamente…” Y luego añadió: “¿Qué obtenemos de esto? La respuesta es: probablemente, muy poco”.

Cualquier insinuación de que sus negocios deriven de otra cosa diferente al trabajo duro y la perspicacia empresarial de los cincuenta años de experiencia de la organización, se lo advirtió Cisneros a The Wall Street Journal, es “absolutamente falsa”.

Posiblemente la historia más apasionada de esa fraternización con los políticos, la vivieron -y la sufrieron- los Cisneros junto al presidente Carlos Andrés Pérez. Es la historia de una relación de 30 años que pasó de la solidaridad épica a la indiferencia rampante. En 1962, siendo Ministro de Relaciones Interiores, a Pérez le correspondió combatir algunos movimientos rebeldes pro castristas y en el camino se encontró como gran aliado ideológico a Don Diego Cisneros, a quien también lo desvelaban los desafíos de Fidel.

“Era un hombre muy grato, de muy buen carácter”, recordó Pérez en una entrevista con Punto-com en Miami.

Cuando Pérez fue elegido presidente en 1974, los Cisneros consolidaron varios negocios domésticos y otros internacionales. Invirtieron, entre otros, en el Banco Latino. Ellos eran parte de un selecto grupo de empresarios muy cercanos al palacio de gobierno conocidos con el nombre de Los 12 Apóstoles. Pero en el segundo período de Pérez (que comenzó en 1989), las cosas fueron a otro precio. La popularidad del presidente cayó en picada, y en febrero de 1992, un grupo de militares con pesadillas bolivarianas, se le metió en el palacio de Miraflores.

Un presidente en apuros

Pérez recuerda que esa madrugada se puso el vestido por encima de la pijama, un almirante que lo acompañaba rompió una ventana de la casona y salió en un carro particular por la ciudad llena de tanquetas rebeldes, a buscar una estación de televisión desde la cual pudiera dirigirse al país para confirmar que seguía siendo presidente.
Una versión que circuló después del fallido golpe sostiene que uno de los Cisneros llamó a Pérez y le dijo que Venevisión estaba a su entera disposición. Pérez desmintió ese favor.

“No, no, no”, dijo. “Eso no fue así. Yo tenía que hablarle al país y a las Fuerza Armadas”. Pérez explicó que cuando se dirigía a una estación que no era de los Cisneros, el almirante lo comunicó con Venevisión y él anunció que iría a sus estudios.

“Yo hablé frente a las cámaras y el ministro [de Defensa] me llamó y me dijo: ‘presidente con sus palabras se rindieron”.

Poner las cámaras apuntando a un presidente tambaleante, fue, según palabras de Cisneros, un acto de coraje de la organización.

“Tomamos un chance por la democracia y ganamos”, dijo Cisneros.

En 1993, Pérez debió dejar la presidencia acusado de cargos de malversación y peculado. Al día siguiente de su salida de Miraflores, los Cisneros dejaron de llamarlo, recuerda.

“Después de ese momento no volví a saber de ellos”, afirmó. “Rompieron la relación conmigo. La condición humana es muy difícil”.

En ese azaroso juego de acceso al poder los Cisneros terminaron pagando un peaje alto para su imagen de conglomerado que exhibía sus éxitos como trofeos de una impecable tradición empresarial. Ricardo Cisneros resultó involucrado en el más estruendoso escándalo financiero de la historia de Venezuela: el descalabro del Banco Latino en 1994.

Una juez venezolana dictó orden de arresto contra Ricardo acusándolo de fraude en su calidad de miembro de la junta directiva del banco. Según la acusación los directivos del banco aprobaron créditos a empresas -algunas de su propiedad- por encima de los límites establecidos y desviaron fondos del banco. Ricardo, quien estaba fuera del país cuando se libraron las órdenes de captura, permaneció en el exterior.

Gustavo salió a poner la cara. Dijo que el único vínculo existente entre el Banco Latino y la Organización Cisneros era la propiedad por parte de ésta de un mínimo porcentaje (2,43 por ciento) en el capital social del banco y el hecho de que su hermano Ricardo, entonces vicepresidente ejecutivo de la organización, era propietario del 0,003 por ciento de las acciones. Ricardo era además miembro de la junta directiva del banco, pero Gustavo subestimó ese vínculo argumentando que nunca perteneció al equipo gerencial. Hace dos semanas, y después de siete años de un complicado proceso, la justicia venezolana exoneró a casi todos los acusados del caso, incluyendo a Ricardo.

Detrás del escándalo, según Gustavo, había “una campaña amarillista orquestada por los herederos de un inescrupuloso medio de comunicación social que mantiene una estrecha relación con Lyndon Larouche y su organización extremista”.

La pelea con Larouche

Larouche es un oscuro líder laborista norteamericano que a través de su movimiento con sede en Virginia y de un boletín llamado Executive Intelligence Review (EIR) se ha dedicado a mortificar a los magnates venezolanos con una serie de señalamientos en los que combina astutamente la realidad con la especulación. Los Cisneros se han defendido en tribunales y medios de comunicación.

Según documentos de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), escenario de una de las confrontaciones, la historia de esta disputa se inició en enero de 1985 cuando fueron arrestados varios simpatizantes de Larouche en Venezuela y se confiscaron 200 copias de un libro titulado Narcotráfico S. A. (Dope Inc) . El libro denigraba de los Cisneros sugiriendo que la familia tenía conexiones con personajes e instituciones dedicadas al lavado de dinero. Gustavo Cisneros presentó una petición judicial para que no se permitiera la circulación del libro. La pelea quedó cazada desde entonces. Lo que estaba sepultado en los tribunales venezolanos resucitó en las oficinas federales de Estados Unidos en junio de 1992, cuando Nora Hamerman, editora de EIR, presentó una impugnación ante la FCC para bloquear la aprobación de la compra de Univisión por parte de los Cisneros. La editora denunció la persecución del movimiento en Venezuela y aportó documentos que afirmaban que el 14 de febrero de 1985 un avión ejecutivo de Pepsi-Cola Corp. de Venezuela, operado por una empresa de la familia Cisneros (Aeroservicios Alas), fue sometido a una inspección por agentes del Servicio de Aduanas en Hollywood, Florida, que encontraron una bolsa con 50 gramos de cocaína en su interior.

Cisneros respondió todas las objeciones del EIR, y aunque admitió el incidente del Lear Jet, aportó una constancia del Servicio de Aduanas con la que probó que el avión fue devuelto y que no se formularon cargos contra la empresa, el piloto ni los pasajeros.
Ninguna de las impugnaciones prosperó y la FCC autorizó la transferencia de control en Univisión.

Estos incidentes parecen haber fortalecido al empresario.

Hoy Gustavo Cisneros es uno de los hombres más poderosos de América Latina y uno de los latinos más influyentes en Estados Unidos. El aura del poder que ha logrado condensar en su figura está descrita, sin escrúpulos, en una crónica de la prensa caraqueña que dice que al llegar Gustavo Cisneros a un brindis por la reconquista del primer lugar de Venevisión, hace dos meses, un compacto “muro de estrellas” de televisión se abrió en dos, “como el mar rojo ante la orden de Moisés”.

Publicidad:

HELEDERIA EL REY DE LA CREMA

Share:

12 comments

  1. Williamvex 13 Enero, 2017 at 19:06 Reply

    Some Elementary Advice To Effectively Defeat Panic Attacks

    Did you know that people with higher than normal intelligence are prone to panic attacks? If you experience these attacks, hopefully this knowledge along with the other helpful tips in this article will assist you with finding peace of mind in trying to deal with your situation.
    https://www.acheterviagrafr24.com/

  2. Colombia Ecologica » Sica 9 Enero, 2017 at 19:56 Reply

    […] Existen varios tipos de categorías de edad y según el sexo del niño. Additional information at Organización Cisneros supports this article. Por supuesto, en la mayoría de los casos, cuando un niño crece dejan de […]

  3. Albert Camps Llaurado | First Mexican Gold Corp 26 Diciembre, 2016 at 18:18 Reply

    […] Franchise Lizarran, tapas, tapas and much more, absolute leader in the sector of tapas and the rich cuisine of the North, celebrates the renewal as franchisees of one of its most charismatic establishments in the Catalan resort of Cambrils. Francisco Domingo Urbaneja and Albert Camps Llaurado decided to establish as franchisees without having previous experience in restoration. It was a very clear decision ten years ago, it caught our attention the concept of business from the moment of knowing him in the Barcelona franchise fair. He hooked his stand, and the fun and enjoyable was when we were invited to a chacoli and a skewer. In that time, we had clear. Later, we realized that it was a different, for the whole world and very welcoming business on its way to transmit and sell, explain both partners. The beginnings were difficult as in any business that starts from zero, but the central support was very important. (Not to be confused with Gustavo Cisneros !). […]

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: