¡Lagrimas de hambre, súplicas por medicina! por Armando Martini Pietri

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De acuerdo con el más reciente pronóstico del Índice de Miseria Bloomberg, Venezuela logra el primer lugar en 2017 y repite, por tercer año consecutivo, como el país que representa la economía más miserable del mundo. Y sobre la inflación, se pronostica su aumento en seis veces más. Logros extraordinarios de la revolución.

Nunca valoramos la comida ni las medicinas, las tuvimos a lo largo de décadas de economía petrolera. Teníamos más que suficiente al alcance de la mano, tiempos del “ta’barato, dame dos” cuando casi todos pasaban vacaciones en Miami y visitaban Disney World; adinerados construían mansiones de playa con muelles para yates y quienes gustan del campo, se hacían estancias que empalidecían ranchos texanos. Había dinero a borbotones y guardar no era habitual; gastar a placer era sinónimo de riqueza y poder. Del pasado esperanzador al presente arruinado, otro resultado revolucionario.

Venezuela muere de hambre e indignidad, sin ética, moral ni principios y, menos, buenas costumbres. Patria devastada sin medicamentos y llena de carencias; mientras politiqueros, corruptos, cómplices y bandidos se enriquecen, regodean y zambullen en dinero mal habido, egos y peleas frívolas. Derrochan sus dólares robados, ignorantes del profundo control bancario de las autoridades mundiales que serán, por lo visto, nuestros vengadores. Un papel importante depende de los ciudadanos decentes, rechazar socialmente a bandoleros y delincuentes que saquearon las finanzas públicas, malogrando el futuro del país y nuestra descendencia.

Al no apreciarlos, los alimentos se botaban y malgastaban, ahora no los conseguimos. No es exageración recordar que había pocas mesas en la que no sobrara la comida y ante ello, se exclamaba: ¡no le pares, bótala! Así se desperdiciaba. Lo peor es, que el desabastecimiento creciente y criminal no es cosa nueva, el Gobierno lleva años cometiendo errores, enredado en su despliegue de propaganda no por masiva menos vacía e hipócrita.

Por primera vez en la historia patria hemos observado hombres y mujeres llorar por hambre, sus hijos, familiares y amigos mueren por falta de medicamentos, en Venezuela no puede decirse que el cáncer diagnosticado a tiempo es curable, no importa cuándo sea detectada la enfermedad en estos tiempos revolucionarios, no hay medicamentos apropiados, la revolución no se enferma.

El drama y la muerte golpean a cualquiera, militares incluidos, muy pocos privilegiados se salvan de no perder algún familiar y/o amigo víctima de la inseguridad, pero en estos tiempos la realidad muestra un rostro trágico: se matan unos con otros por un sándwich, unos zapatos, a ese nivel de locura y desesperación socialista hemos llegado. Lo más grave, algunos vecinos llenos de impotencia por la impunidad, comienzan a aplicar ajusticiamientos brutales por su cuenta. Justicia por propia mano.

La desaparición de medicamentos y material médico alcanza escalofriantes cifras que superan el 80%, generando angustia en los enfermos, que sufren, sienten miedo, quieren vivir, esperanzados en un mejor futuro y un país con menos calamidades. La mala administración oficialista, la negligencia, la falta de previsión, la corrupción y el robo masivo, los precios bajos del petróleo, han alimentado una crisis que ha dejado los estantes de las tiendas de alimentos vacíos, hospitales sin medicamentos básicos, y el crimen dueño de las calles.

Agrupaciones médicas y farmacéuticas tienen años alertando sobre la gravedad de la situación, han sido innumerables las reuniones de trabajo, mesas de diálogo y comunicados públicos, pero sin solución. Ante la gravedad, se planteó declarar la crisis humanitaria en la salud; la respuesta de la Defensoría del Pueblo que no defiende sin órdenes directas, fue calificar el planteamiento como “una exageración con propósitos políticos”.

La Asamblea Nacional decretó la Crisis Humanitaria en Salud y Alimentos. No obstante, a las autoridades les sobra indolencia, irresponsabilidad y soberbia. Y lo poco que existe, está en manos de mafias que de manera perversa la comercializan. El bachaqueo individual u organizado es inherente al desgobierno. Los enfermos perciben la actitud como culposa y delictiva. El país entero también.

Los médicos y responsables de aliviar a los enfermos se preguntan: ¿es posible no ser beligerante, callar y no expresar la necesidad de un cambio urgente? ¿Qué nos queda por hacer? ¿Escribir un récipe con medicamentos que no se conseguirán? ¿Qué les decimos a los pacientes? Inhumano agregar más problemas al enfermo y sus familiares. Terrible y desesperante no poder cumplir el juramento hipocrático.

Las gravísimas declaraciones del presidente de Fefarven, denuncia la posibilidad de enchufados en una empresa que importa medicamentos al país. Investigarán y de existir irregularidades, difundirán nombres de los responsables. El Estado se hace la vista gorda, a la importación de medicamentos a dólar negro, por lo que se ve afectada la capacidad de adquirir fármacos.

A los laboratorios nacionales no se les otorgan divisas y la deuda gubernamental con el sector alcanzó los 5 millardos de dólares. Hay que buscar una respuesta. Se dolarizan los medicamentos como ocurre con los alimentos. Se están muriendo pacientes por falta de medicinas. Pero el Gobierno sólo receta palabrería sin sustancia, falsedades, promesas que se cambian cada vez que el Presidente habla, o sea, cada día.

Estos son los asuntos que debería considerar el Vaticano si realmente ansía y anhela una solución. No es sólo dialogar y hablar pajita en cada reunión, se trata de diseñar, analizar, proponer y discutir acciones realistas. Lo que deberían asumir con seriedad y en profundidad algunos politiqueros enconchados en la oposición formal. ¿A cuál poder aspiran? ¿Cómo planean resolver la caída de la producción agropecuaria e industrial, cómo rescatarán el poder adquisitivo, cómo recuperarán la confianza y el entusiasmo, cómo protegerán las vidas de los venezolanos? Y lo más importante: ¿Cómo se reconquistarán los valores y principios éticos?

La falta de respuesta de algunos aspirantes a la dirección nacional, es lamentable, sólo privilegian y se sumergen en sus diarias babiecadas; es conocido, todos sabemos, estamos clarísimos que el madurismo es un categórico fracaso. Venezuela está con hambre y sin medicinas, algo tenemos que hacer. Dejemos de ser como las chicharras, cantan y cantan sin que nadie entienda qué es lo que canturrean.

¡Venezuela potencia: la economía más miserable del mundo!

@ArmandoMartini

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