Ser venezolano es…

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Haber nacido en la República Bolivariana de Venezuela nos debe llenar de un inmenso orgullo. No es cualquier cosa tener como paisanos y paisanas, es decir: como hermanas y hermanos a hombres y mujeres que han puesto en alto el nombre de VENEZUELA.

No es cualquier cosa ser de la misma tierra de ese hombre universal como lo fue y es nuestro Libertador Simón Bolívar, quien con su grandeza pudo dejarnos su legado y la herencia de hijos como Antonio José de Sucre, Miguel Cabrera, Jesus Soto, Pedro Camejo, Francisco de Miranda y de tantos patriotas que nos dieron la libertad.

Me atrevo a nombrar algunas personas, que a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas son tan venezolanos como nosotros y han llevado nuestra Bandera Nacional a todos los rincones del planeta y han hecho con su trabajo que seamos reconocidos mundialmente, como Simón Díaz, Rómulo Gallegos, Carlos Cruz Diez, Andrés Galarraga, Alejandro Colina, Bárbaro Rivas, Luis Brito García, Renny Ottolina, Cayito Aponte, Augusto Mijares, Alberto Arvelo Torrealba, Hugo Blanco, Alfredo Sadel, Ricardo Aguirre, Zhandra Rodriguez, Juan Calzadilla, Yolanda Moreno, José Díaz “Joselo”, Gustavo Dudamel, Anibal Nazoa, Felipe Pirela, Luis Aparicio, Vicente Gerbasi, Juan Vicente Tovar, Edgar Ramírez, Lilia Vera, Manuel Graterol, Abelardo Raidi, Ludovico Silva, Doris Wells, Alí Primera, Armando Reverón, Hugo Chávez, Omar Vizquel, José Ignacio Cabrujas, Francisco Kotepa Delgado, Tito Salas, Renato Capriles, Román Chalbaud, María Teresa Chacín, Irene Sáez Conde, Teresa de la Parra, Rubén Limardo, Leoncio Martinez Leo, José Montecano, Luis Beltran Prieto Figueroa, José Antonio Ramos Sucre, Rafael Vidal, Andrés Eloy Blanco, Laura Antillano, Jacinto Convit, Pastor Maldonado, Manuel Cabré, Aquiles Nazoa, Oscar De León, Morochito Hernández, Miguel Otero Silva, Apascacio Mata, César Rengifo, Fruto Vivas, Johnny Cecotto y tantos otros que supieron aprovechar el momento para manifestar su sentir venezolanista.

Ser venezolano es agradecer a Dios por la generosidad de nuestra tierra; donde se dan los más dulces frutos. Tierra bendecida con amaneceres, llanos, paisajes, playas, ríos, lagunas, flora, bosques, fauna, desiertos, nieve, montañas, selvas, atardeceres y lugares sorpendentes. Tenemos majestuosos cerros de indudable belleza universal, tenemos la cascada mas hermosa y alta del mundo entero, tenemos nuestros propios símbolos, nuestra famosa cultura, nuestra rica gastronomía, tenemos la historia más linda que se haya contado y la que estamos escribiendo.

Ser venezolano es cordialidad, respeto, humor, perseverancia, resignación, lealtad, honestidad, felicidad, resistencia, lucha, amor al prójimo, “buena gente”, solidaridad, principios, humildad, transparencia, “chéveres”, le sacamos el lado positivo a las cosas negativas y hasta chistes hacemos de nuestras propias desgracias.

Le hemos abierto las puertas de nuestra Patria a todos los extranjeros que han venido a trabajar junto a nosotros y nunca hemos sido irrespetuosos por su nacionalidad. Incluso con aquellos que nos han traicionado y contaminado con sus terribles vicios, como el narcotráfico, el secuestro expres, el sicariato, la “vacuna”, el contrabando de alimentos, la falsificación y demás aberraciones que indudablemente no son de nuestra idiosincrasia.

No es ningún secreto que gran parte de los beneficiados de las Misiones y proyectos del Gobierno Bolivariano lo gozan extranjeros, quienes en la mayoría de los casos han hecho de esto un negocio independiente distorsionando, manchando y truncando los logros de la Revolución. Las denuncias de personas extranjeras que venden, alquilan, traspasan y comercializan con las viviendas, taxis, vehículos, alimentos, canaimitas, materiales de construcción y hasta trámites en las oficinas públicas tampoco es un secreto para nadie, sin embargo los venezolanos no ejercemos represalias contra esos vende Patria y asesinos de la lealtad. La autoridad tiene precio y la maldición de “dame pa’ los frescos” es la solución individual que causa estragos al colectivo.

Los venezolanos jamás nos caracterizamos por emigrar de nuestro suelo sagrado, pero debido a la terrible crísis que por ahora atravesamos en Venezuela, muchas y muchos han sido los compatriotas que han tenido que buscar su destino en otras tierras. Jamás nos imaginamos cruzar fronteras para montar carpa en Perú, Ecuador, República Dominicana, Chile, Panamá, Colombia y demás países latinoamericanos o del mundo. “Antes” al venezolano nos veían con cariño y hasta admiración, ahora nuestros propios “hermanos” latinoamericanos nos tratan con desprecio y nos cierran las puertas. Estos malagradecidos se olvidan que gran parte de la población venezolana está conformada por extranjeros que hacen vida en lo que conviertieron su Patria. Pero hay que reconocer con valor y honestidad todos nuestros males son responsabilidad, fruto, culpa de las venezolanas y venezolanos mismos. Lo dijo Bolívar: “¡Qué de miserias tienen estos paisanos míos! Realmente no sé cómo he podido hacer Patria con estos hombres”.

No hace mucho uno podía dormir hasta con las ventanas abiertas, y no exagero. Yo lo viví. Pero ahora uno vive tan enrejado que el país entero parece un zoológico de tantas rejas y animales. Aquellos remotos pueblitos donde humildemente parecía un paraiso en donde se podían pasar días en total paz, ahora parecen antros controlados por pranes, en su mayoría que no son lugareños, sino que han ido a llenar de miseria sectores que no le pertenecen. Nosotros mismos (las y los venezolanos de pura cepa), hemos permitido que a la tierra de Bolívar la pisoteen, violen y saqueen sin contemplaciones. La “folklorica viveza criolla” pasó de robarse una engrapadora a millones de dólares en comisiones y guisos. Esta metodología adecopeyana no es nueva. Los malditos nuevos ricos se multiplican como gusanos y hasta exilio político piden para vivir de lo robado.

La delincuencia pasó de robar un par de zapatos a decapitar en pedazos por un celular, venganza o sicariato. Las cárceles se convirtieron en universidades para los pranes de donde coordinan los crímenes más brutales. La justicia por la propia mano se ha apoderado de las calles y entre machetazos, torturas y hasta incendiar delincuentes se han curtido las calles sin asombro alguno de los indolentes transeuntes quienes sacan sendos celulares para lograr sus mejores fotos y videos. Todos parecen libres de pecados y tiran la primera piedra olvidando su rabo de paja. El apocalipsis en la tierra. La mas degradante época y el castigo por nuestra incapacidad.

La mezquindad ha penetrado en nuestros hogares a tal punto que ya es casi común ver como entre familiares se niegan, pelean y hasta matan por un pedazo de pan. En las colas la matraca y el malandraje no escapan. Todos tienen las mismas necesidades pero se las ingenian para vender cupos en las colas y poner en práctica los métodos más aberrantes y miserables. Jugar con la necesidad del prójimo no conoce estrato social, cultural o lo que se le parezca; la ley del más vivo, el más duro, el más indolente, el más miserable y el más arrecho es la que manda. La anarquía se ha tragado a las autoridades y las leyes. Y cuando el Gobierno intenta ejercer la justicia o implementar métodos para enfrentar la crísis es el mismo pueblo que salta en contra de toda propuesta. Matan sin haber nacido toda iniciativa con las críticas destructivas, la negatividad y el pesimismo. Criticar a los cuatro vientos es la nueva cultura de los venezolanos y quizás con razón, pero muchas veces sin criterio propio. Que verguenza esas personas que viven todo el día escribiendo y hablando paja movidos por la frustración y el odio. En cada palabra reflejan su brutalidad ante la crisis de un país que ellos mismos ayudaron a desangrar. Pero no reconocer los errores es la nueva metodología de quien para sentirse bien culpa a los demás con descalificativos y groserías que para ellos está bien decirlas, pero que se las digan es ofensa. Así estamos de podridos.

Es tan miserable y corrupto el que cobra como el que paga. La corrupción es un severo cáncer incurable que se ha vuelto una epidemia maligna digna para decretar emergencia nacional y paredón. Esto es un sal si puedes, quítate tu, ponme donde haya, cuánto hay pa’ eso, vamos a cuadrar, yo tengo una palanca, cuánto nos queda… en fin. Nosotros mismos estamos paleando nuestro propia fosa. Maldito el funcionario público que con la excusa de “estar ocupado o en una reunión y ahorita no lo puede atender”, ejerce su cargo con ambiciones personales y traicionando no solo la confianza de quienes le dieron el cargo sino a sus propias raíces. Todo se paga en esta misma Tierra y quien vive en gozo por los males ajenos su cuerpo y su alma arderán en el infierno.

La llamada “fuga de cerebros”, se ha convertido en estampida de toda clase de bicho raro, donde se destacan los llamados “gusanos”; mejor conocidos como los parásitos más dañinos y podridos en autoexilio de cada Nación. Venezuela no escapa de esta terrible plaga, y ahora esparcidos por el mundo vemos a esas y esos venezolanos hablando las cosas más horrendas de la patria que los mal parió. No termino de entender como se puede atacar a un país entero desde lugares que no les pertenece donde viven limpiando pocetas y pasando necesidades. No es inteligente dedicarle el autoexilio a despotricar de Venezuela, en lugar de aprovechar la oportunidad de estar en un país desarrollado para formarse como ciudadano del mundo.

Es tanta la mediocridad de estos gusanos que por criticar a un gobierno se olvidan que en Venezuela aún tienen familia y seres queridos. Generalizan como si aquí todo el mundo tuviera la culpa de su frustración. Esa gente no entra en el calificativo fuga de “cerebros”, y por eso se les terminará su tiempo frustrados frente a un teclado hablando paja con la intención de derrocan un gobierno con insultos y pendejadas. Pierden el tiempo en lugar de estudiar, trabajar y ahorrar. Hablan de la crísis de Venezuela pero no hacen nada para ayudar a superarla. Esperan que todo se lo resuelvan. Que desgracia, que verguenza… que triste. Ofenden a su propia madre y no lo saben.

Afortunadamente no todos los que han emigrado de la Patria tienen esta aberrante actitud. Hay quienes alejados de la política y la mediatez van tras sus sueños trabajando con dignidad y mucho esfuerzo. De ellas y ellos es el éxito y la superación. De quienes trabajan y estudian con tezón es la victoria.

Ser un venezolano auténtico es manifestar nuestro agradecimiento a esta tierra en cualquier lugar del planeta donde nos encontremos. Para demostrar nuestro gentilicio y nuestro granito de arena para salvar la Patria, basta con estudiar, trabajar, prepararnos y comportarnos como lo que una vez fuimos. Es la hora de las y los verdaderos Patriotas… “cuando el clarín de la Patria llama, hasta el llanto de la madre calla”. Simón Bolívar

Esta es mi palabra, crucificadme con la tuya que para eso Dios y Bolívar nos hicieron hermanos.

 

elranchitocruz@hotmail.com

En esta gran comarca llamada Venezuela, en la que convivimos y muchos sobrevivimos, sufrimos de algun virus altamente resistente , contagioso, que mutó y  nos convirtió en esta rara especie que hoy somos. Increiblemente a pesar de lo que nos acontece, permanecemos indiferentes e  indolentes ante la crisis que nos arropa. Nos vamos arrimando a medida que el caudal del rio crece, a las orillas, pero sin conseguir embaular la corriente, que sigue su curso cómodamente. Resignación pareciera ser el diagnostico a este mal, que solo espera el final inminente. ¿En que nos hemos convertido? ¿De que estamos  hechos? Tiene que ver nuestra carga genética en esto? ¿Es nuestro ADN el gran culpable? Nuestra historia dice que los primigenios habitantes de estas tierras eran indigenas, con una civilización constituída, y que se habían asentado producto de las migraciones provenientes  de Siberia. Pero luego con la colonización por parte de los europeos y las mezclas con africanos, nació una nueva raza multiétnica que consagra el  mestizo que hoy ostentamos. Pero más allá de lo meramente étnico, adolecemos de esa fuerza motriz que nos debe impulsar a ser verdaderos venezolanos, los que parió esta tierra, nos falta la “Identidad Nacional”.  Somos un arroz con mango. La sociedad venezolana cultural, dialectal, étnica, social, ideológica y religiosa es heterogénea. “Si bien muchas cosas nos identifican como venezolanos, como sociedad vivimos en una permanente tensión: necesitamos conciliar nuestra identidad nacional –eso que nos hace sentir y pensar como venezolanos– con una realidad ineludible: los venezolanos somos diversos”. La identidad nacional, ese sentido de pertenencia, el orgullo de ser venezolanos ha sido necesario para mantenernos unidos como república, desde la lucha por la independencia hasta hoy, explica la investigadora.  Como mecanismo de cohesión social, la identidad nacional se construyó alrededor de la supresión de aquellas diferencias que producían durante el siglo XIX los conflictos sociales: ‘ser venezolano’ se hizo más importante entonces que ‘ser andino’, ‘ser caraqueño’, ‘ser llanero’, ‘ser mantuano’ o ‘ser pardo’”. Pero, ¿Que somos los venezolanos entonces? “Una diversidad que vivimos en lo cotidiano pero que, cuando intentamos dar respuesta a la pregunta del “qué somos”, mal haríamos en limitamos a identificar únicamente lo común en nosotros. Desde el punto de vista sociocultural, la sociedad venezolana se ve enriquecida por sus matices. Matices que hoy intentan eliminar, y tatuarnos la piel de un solo color, de ver una sola realidad, escuchar y ver solo una estación, pensar lo que nos impongan…Craso error, compañeros, citemos  a Francisco Herrera Luque en La historia fabulada, en donde ilustra  la arepa como el “símbolo más antiguo y característico de la venezolanidad”. En el imprescindible plato de los venezolanos de todos los rincones del país, sin distinción de clase o color, se ve la síntesis de lo que nos hace tan parecidos y distintos al mismo tiempo. “Todos comemos arepa, pero no el mismo tipo de arepa”, explica.
Entonces si la arepa es un común denominador, que  nos identifica , esa similitud, eso en común que puede unirnos, vayamos y transformemos  esa búsqueda en la lucha por la arepa, nos haría  mas fuertes  y firmes en la resolución de nuestros problemas coyunturales. Día a día, cuesta hacer respetar las diferencias, en aquello que nos distingue, tanto en nuestros orígenes como en nuestra manera de ser, sentir y actuar. “Nos cuesta, sobre todo, trascender la retórica educativa, legal y política que habla de un país ‘pluriétnico y multicultural’. De nada sirve disfrazar a uno de nuestros hijos de indio en la escuela el 12 de octubre e inculcar, en el hogar, un lenguaje peyorativo hacia aquel que es distinto étnicamente”, o mejor aún, utilizarlos para propaganda electoral, y luego de ser usados, confinarlos en el olvido.  Muchos piensan que debemos reconciliarnos con nuestra historia para superar los resentimientos colectivos y avanzar”, redescubrir de donde venimos, para saber hacia donde vamos. 
Particularmente prefiero el venezolano que solíamos ser, poco complicado, jovial, alegre, afable, amigable, trabajador, dispuesto, que albergaba a sus amigos en su casa, que disfrutan un juego de beisbol siendo de diferentes equipos y al final celebraban la victoria sea de cual fuere. Indescifrable a la hora de las citas, espontáneo, del que todo hace un chiste, aunque sea de una desgracia. Apostemos al venezolano solidario, honesto, sencillo, buena gente, creativo, humorista, optimista, hospitalario y generoso y creyente en Dios.  Reencontremonos en las diferencias y solucionemoslas, no gastemos mas energía en odiarnos y pelear. No nos enfrasquemos en quien es menos malo o quien tiene la culpa, el tiempo apremia. Lo mismo que nos cohesiona puede terminar convirtiéndose en una olla de presión  en el intento de  homogeneizarnos como sociedad,  entonces los conflictos surgirán tarde o temprano”.
Y para concluir les dejo la  definicion de venezolano, según  Laureano Márquez: 
Ser venezolano es ser educado, no insultar a nadie salvo casos extremos de tránsito, donde hasta, seguramente, el Cardenal Urosa suelta un desatino. El venezolano es sensible, compasivo, amable detesta los privilegios, aunque los use con frecuencia. El venezolano nunca cree que otro venezolano es menos venezolano que él, pensar distinto no es problema. Hace más de un siglo que no nos matamos por pensar distinto. Ser venezolano es tener una mentalidad igualitaria, es pensar que la salsa que es buena para el pavo lo es también para la pava, es reconocer la injusticia, aunque saques provecho de ella. Ser venezolano es resolver con lo que se consigue, preparar un desayuno con lo que sobró de ayer. Ser venezolano es tener pasión por la música, cantar y bailar sabroso. Es tomarse una cerveza fría en la mañana para matar el ratón de ayer. Ser venezolano es encomendarse a La Virgen, pedir la bendición, es persignarse antes de emprender algo importante. Ser venezolano es ser contradictorio, es tener un país en los sueños y otro en la práctica cotidiana, también tener la certeza de que todo va a estar bien. Es criticarnos a nosotros mismos y decir “bueno es que somos así, qué vamos a hacer” o “por eso estamos como estamos”. Ser venezolano es creer que somos un país rico, no tolerar al abusador cuando el que no abusa es uno. Ser venezolano es ser sensible ante el dolor ajeno, echarle una mano al otro, ser compasivo, perdonar y no ensañarse con el que está en desventura. Ser venezolano es hablar una lengua diferente, muy parecida al español, pero mucho más rica, llena de gestualidades, de palabras nuestras. Ser venezolano es vivir con la certeza de que no hay mujeres más bellas que las nuestras, de que tenemos cielo, selva, nieve y playas fabulosas al alcance de la mano. Ser venezolano es contar con el humor, con una gracia característica de esta Tierra de Gracia, que, como en el Jardín de Epicuro, nos permite reír de la insensatez sin que caigamos en la debilidad de odiarla.
…Por lo tanto, venezolanos somos todos, también él, aunque haya quien dude.
ISABEL VIRGINIA CHIRINOS FLORES
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